Volver al inicio

¿Dios ha terminado su tarea? Ahmet Arslan sobre religión, razón y futuro del pensamiento

Junto a Fatih Altaylı, el filósofo Ahmet Arslan examina el lugar de la religión en la vida moderna, entre moral, ceremonia y búsqueda de sentido. Una conversación amplia que une islam, cristianismo y mística con los retos de la democracia, el clima y la inteligencia artificial.

Importado a Nodesdaily: (UTC+03:00)
Ver en YouTube — 3Sos_hReOLA
Opciones de lectura

La voz del dispositivo no está disponible en este navegador.

Lupa de conceptos

Elige un término técnico de esta vista para leer su definición general, un ejemplo didáctico y su uso en el artículo.

No se encontró ningún término de nuestro glosario en esta vista. El glosario aún no cubre todos los términos.

Preguntarse por el porvenir del pensamiento obliga a mirar lo que piensa en nosotros antes que las máquinas que calculan a nuestro lado. Frente a Fatih Altaylı, el profesor Ahmet Arslan avanza con la calma segura de quien ha dedicado la vida a la historia de la filosofía, de Ankara a Ege, y cuyo libro Bir Ömür Düşünmek resume ese recorrido. No se trata de elegir entre la admiración del pasado y la fascinación del futuro, sino de entender lo que la inteligencia natural aún hace y lo que ningún algoritmo podrá sostener en su lugar.

La segunda entrega de la larga entrevista-río prolonga una conversación empezada mucho antes de este plató. Durante diez días, a razón de cinco horas diarias en Gaziantep, Altaylı recogió la palabra de Arslan con paciencia, lejos del ruido de los estudios. Esa lentitud buscada da densidad al discurso, porque un filósofo no entrega fórmulas sino una manera de habitar las preguntas. El libro resultante se lee como una travesía, de la Grecia antigua a los dilemas del siglo presente.

¿Por qué sugerir entonces que la religión habría cumplido su misión histórica en la existencia moderna? Arslan no habla como creyente herido ni como militante antirreligioso, sino como historiador de las formas del espíritu. A su juicio, las grandes funciones que antes cumplía la fe, explicar el mundo, fundar la ley, consolar los duelos, fueron asumidas poco a poco por la ciencia, el Estado de derecho y las instituciones seculares. Queda una interrogación más íntima, la del sentido que cada cual da a una vida más larga, más cómoda y sin embargo más incierta.

Cuando la fe se vuelve lengua administrativa

En Turquía, ese diagnóstico cobra un rostro concreto, el de una palabra religiosa oficial considerada seca y distante. Los sermones leídos desde el púlpito, redactados en lengua burocrática, apenas tocan a una juventud que busca cercanía y sinceridad. Arslan opone a esa frialdad el recuerdo de las fiestas compartidas, las mesas abiertas y los cantos que hacían de la creencia una experiencia común. Cuando la ceremonia desaparece tras el reglamento, la fe pierde lo que la hacía habitable.

Sería injusto reducir la religión a ese malentendido presente, porque su aporte a la civilización sigue siendo inmenso. La idea de una igual dignidad de las almas, la exigencia de justicia hacia el débil, la disciplina del ayuno y del don moldearon las costumbres mucho más allá de mezquitas e iglesias. En un mundo secular, esas herencias sobreviven a menudo bajo forma laica, en los derechos humanos o en la ética del cuidado. El recipiente antiguo se agrieta, pero el contenido moral sigue circulando por otros cauces.

El cristianismo ofrece el contrapunto más elocuente de esa mutación del rito. Allí donde la palabra protestante se hizo sobria e interior, el catolicismo conservó todo un teatro sagrado, procesiones, incienso, coros y calendarios que ordenan el año. Esa persistencia no es simple decorado, responde a una necesidad antropológica que los discursos abstractos no colman. Los hombres no viven solo de principios, necesitan gestos cumplidos juntos.

Mística, naturaleza y sabiduría antigua

La misma necesidad explica la fascinación duradera por la mística, del sufismo a las sabidurías paganas. Arslan recuerda que el panteísmo , formulado en la Europa moderna por autores como Toland ya en 1705 y meditado por los estoicos mucho antes, propone una divinidad difundida en la naturaleza antes que un amo lejano. El derviche que gira, como el sabio que contempla el orden del cosmos, busca una unión más que una obediencia. Esa vena atrae justo a quienes cansaron los dogmas rígidos.

De ese largo rodeo histórico nace un optimismo discreto sobre la propia Turquía. Pese a las polarizaciones, el país ha enraizado hábitos decisivos, el imperio de la ley reclamado por todos, el auge del individuo que quiere elegir su vida, el aprendizaje difícil del pluralismo. Arslan no niega retrocesos ni iras, pero ve en esas aspiraciones silenciosas una pendiente favorable. Una sociedad que discute de todo, aunque sea con aspereza, ya abandonó la edad de la unanimidad impuesta.

La literatura de la República ilustra esa maduración mejor que los discursos. De novelistas a poetas, narró el éxodo rural, la soledad de las grandes ciudades, la emancipación de las mujeres y la memoria de los imperios perdidos. Ofreció a los turcos un espejo donde reconocerse sin adularse. Cuando la filosofía parece lejana, la novela toma el relevo y vuelve pensables las contradicciones de una modernización veloz.

Democracia, clima y potencias del siglo

La democracia, por su parte, sigue siendo una planta frágil cuyas raíces se hunden en suelos antiguos. Platón ya desconfiaba de ella, viendo el reino de los aduladores, mientras la experiencia romana mostraba cómo una república podía hundirse bajo los césares y ante los mundos llamados bárbaros. Arslan retoma la lección sin nostalgia, la regla del número solo vale sostenida por instituciones, contrapesos y cultura del compromiso. Sin esas garantías, el voto aclama y ya no gobierna.

El desarreglo climático pone esa fragilidad a prueba de otro modo, pues exige decisiones largas en regímenes presionados por lo inmediato. La retirada estadounidense de los acuerdos en la era Trump se evoca como símbolo de un nacionalismo que prefiere el provecho instantáneo a la responsabilidad compartida. Frente a la crecida de aguas y temperaturas, los tratados parecen irrisorios y sin embargo imprescindibles. La naturaleza no negocia, presenta la factura.

Y he aquí que surge el tercer desafío, el de un espíritu fabricado por el hombre. Los sistemas llamados inteligentes calculan, traducen y diagnostican con una eficacia que turba, pero no quieren nada ni responden de nada. Arslan insiste en la diferencia, la voluntad supone un ser al que le va su propia existencia y que asume sus actos. Confiar a las máquinas decidir en nuestro lugar sería abdicar de lo que nos hace sujetos.

Deber, deseo y dominio de sí

Esta advertencia lleva a una reflexión sobre el deber y la vida del espíritu. Pensar no consiste en acumular datos, sino en ordenar las razones e imponerse reglas que nadie vigila. La disciplina del concepto, la lectura lenta y la disputa honesta forman un carácter tanto como una inteligencia. En una época de avisos permanentes, ese cuidado del deber intelectual parece una resistencia.

La lectura de Hegel ilumina ese combate bajo una luz social, con la famosa dialéctica del amo y el esclavo. Quien solo manda acaba dependiendo de quien trabaja y transforma la materia, hasta que la laboriosa burguesía invierte el orden antiguo. Investigaciones recientes, incluso en revistas como Springer, releen esa figura cuando las máquinas trabajan en nuestro lugar. Si el trabajo cambia de manos, el reconocimiento mutuo deberá inventarse otros escenarios.

Aristóteles ya había nombrado el centro del problema al distinguir los movimientos del alma. El deseo empuja hacia el objeto inmediato, la razón práctica delibera sobre medios y fines, y la virtud nace de su acuerdo repetido. El libro sexto de la Ética describe esa prudencia que elige bien en el caso singular, ni cálculo frío ni impulso ciego. Educar a un ser humano es ante todo afinar esa orquesta interior.

Lenguaje, mundos simulados y alma

Queda la pregunta más vertiginosa, la del nombre de Dios en el lenguaje humano. Decir Dios es ya tomarlo en la gramática, someterlo a sujeto y predicado, a tiempo y relato. Los teólogos lo saben desde antiguo, toda palabra sobre lo absoluto es analógica y frágil. Quizá por eso el silencio de los místicos dice a veces más que los tratados.

El imaginario actual reinterpreta ese vértigo con sus propios mitos, de Matrix a los relatos de átomos y multiversos. La hipótesis de un mundo simulado divierte a los ingenieros e inquieta a los filósofos, pues invierte la prueba, ¿cómo distinguir lo real de su copia perfecta? La física describe estructuras cada vez más extrañas, pero la extrañeza de una ecuación no responde a la pregunta del sentido. La ciencia ficción plantea aquí verdaderas cuestiones con trajes de aventura.

El diálogo final devuelve esas alturas hacia una disciplina modesta y querida, la psicología. Muy pedida por los estudiantes hasta en universidades como la de Carolina del Norte, promete herramientas para calmar angustias que la metafísica ya no cura. Arslan no la opone a la filosofía, desea su conversación, una escucha las heridas singulares, la otra interroga los fines comunes. Y la charla se cierra con ese deseo simple, que pensar siga siendo un arte compartido y no una actuación solitaria.

Visualization: nodesdaily AI

Momentos clave

  1. El futuro del pensamiento y las máquinas
  2. Diez días de entrevista en Gaziantep
  3. La tesis del adiós religioso
  4. Sermones fríos y fiestas perdidas
  5. Moral, civilización y mundo secular
  6. Catolicismo y fuerza del rito
  7. Sufíes y estoicos hacia la naturaleza
  8. Turquía, derecho y pluralismo
  9. Trump, clima y espíritu sintético

Comentario de la IA

"La fuerza del diálogo está en la serenidad de Arslan, que nunca polemiza y sitúa cada pregunta en una larga historia de las ideas. También se percibe una inquietud actual, la de una modernidad que desencantó las formas sin serenar las almas. El resultado ilumina sin dogmatismo un tema que el debate público suele tratar con consignas."

Evaluación de la IA

La lectura más crítica dirá que este discurso entierra algo pronto la vitalidad religiosa observable en el mundo. Las proyecciones del Pew Research Center entre 2010 y 2020 muestran que la población musulmana creció más rápido que las demás, y el estudio publicado en Nature en 2025 describe un declive secular en tres etapas antes que una desaparición lineal. Desde ahí, hablar de una misión cumplida suena más a deseo europeo que a constatación global.

Un segundo límite está en el formato mismo, un río de recuerdos y referencias donde las fuentes suelen quedar implícitas. Las menciones a Toland, Springer, Cell o Stanford iluminan al especialista pero no se pueden verificar al oído, y el ritmo deja poco espacio a la réplica. El oyente recibe una síntesis magistral más que una demostración pieza por pieza.

El interés propio del programa tampoco es menor, pues Teke Tek vive de figuras respetadas que fidelizan a un público culto. Presentar a un sabio por encima de las polémicas halaga la espera de sosiego tras años de debates ásperos. No es una falta, pero orienta el montaje hacia la celebración antes que hacia la objeción.

En la práctica, el oyente ganará si convierte la escucha en método, anotar una tesis por capítulo, buscar una fuente, comparar con una encuesta con cifras. Leer un libro de Arslan despacio, discutir un desacuerdo preciso con un amigo, escribir lo que uno cree después de haberlo oído, esos ejercicios devuelven al pensamiento su filo práctico.

Fuentes

8 enlaces; ninguna otra noticia publicada los cita. Stories sharing a link do not confirm each other; a source's origin is not inferred from how often it is cited.

filosofía · religión · ahmet arslan · modernidad · inteligencia artificial

Seguir el tema

Antes de esta noticia

Un breve orden de lectura de noticias anteriores vinculadas a este evento por un editor.

Evidencia y fuentes

Revisa los pasajes permitidos, sus versiones y su origen.

KAYNAKLARLA OKU

Bu haberi açalım.

Hesap kontrol ediliyor…