El inversor que construye en plena tormenta
Los valores ligados a la inteligencia artificial acaban de sufrir una semana brutal, con caídas de entre el 25 % y el 50 % en varios constructores de centros de datos. En ese clima, Bridget Bennett recibe a Kevin O'Leary en MarketBeat: la estrella de Shark Tank, antiguo programador convertido en inversor, impulsa hoy megaproyectos de centros de datos en Utah y Alberta. Su mirada importa porque habla como operador que firma permisos y contratos de energía, no como observador externo.
La tesis de los dos pilares
O'Leary compara el momento actual con los inicios de internet, cuando todo se medía en miradas captadas y nadie sabía de dónde vendrían los beneficios. Su apuesta se resume en dos pilares: por un lado la red eléctrica, por otro la capacidad de cálculo y de memoria de datos. Ese, dice, será el gran tema de los próximos cinco años para quien mire las infraestructuras digitales.
El modelo de la nube y la memoria de datos ya demostró su solidez: el crecimiento de AWS y la ofensiva de Google y Microsoft lo acreditan. Buena parte de esa demanda nada tiene que ver con la inteligencia artificial —telefonía, comercio electrónico y digitalización de la economía ya exigen volúmenes enormes. Esa base probada, recuerda el inversor, vuelve al sector menos especulativo de lo que parece.
Ante las carteras golpeadas por la oleada de ventas, su mensaje sigue siendo ofensivo: la demanda superaría a la oferta en unas tres veces, sin freno visible en tres años. La propia economía reclama más capacidad en la red, aunque haya que convertir el gas en electricidad. Los inquilinos buscan sobre todo capacidad de baja latencia junto a la fibra, y esa tensión da un valor enorme a los terrenos ya conectados.
El centro de datos como negocio inmobiliario
O'Leary describe el centro de datos como una operación inmobiliaria: este segmento pesaría entre el 20 % y el 30 % de su cartera, repartida en cuatro países. La regla de oro apunta a zonas de energía barata —Arabia Saudita ronda un centavo por kilovatio hora. Pero reunir fondos allí resulta arduo en el contexto actual, lo que ilustra su enfoque: el precio de la luz solo vale si el montaje financiero acompaña.
Las cuentas son colosales: un gran proyecto desde cero costaría unos 16.000 millones de dólares, con cerca de 15.000 millones por gigavatio de cálculo para inteligencia artificial. Frente a 45 gigavatios de demanda, apenas 5 gigavatios estarían en obra. De ahí su fórmula: cada promotor debe aportar su propia electricidad —gas varado y turbinas in situ, a la espera de la nuclear, solución a quince años.
Por qué la mayoría de los proyectos nunca empezará
La cifra que golpea —entre el 60 % y el 65 % de los proyectos anunciados jamás se construiría— debe leerse como tesis de O'Leary, no como hecho probado. Sus razones: sin energía disponible en la red, permisos eternos, agua disputada, vecinos en contra y equipos difíciles de conseguir. Se burla de promotores que reservan suelo sin medir lo que exige una obra, y DataCenterDynamics ya recogió declaraciones vecinas del inversor sobre los planes estadounidenses.
Fuentes independientes respaldan ese escepticismo: CNN, citando a JPMorgan, cuenta que cerca del 60 % de la capacidad prevista para 2027 aún no había entrado en obra; un laboratorio de Berkeley observa que más del 70 % de las solicitudes de conexión a la red se retiran. Goldman Sachs prevé un aumento del 165 % en la demanda eléctrica hacia 2030, McKinsey calcula en 5,2 billones los fondos necesarios, y AInvest sitúa entre el 40 % y el 50 % la parte de proyectos paralizada.
La política se mete por medio: antes de las elecciones intermedias, los centros de datos atizan la pelea, entre recibos de la luz y permisos discutidos municipio a municipio. O'Leary añade la pugna con China para justificar la prisa. Un apunte breve, pero que pesa en calendarios y cotizaciones.
Queda el caso Bitzero, sociedad cotizada en el Nasdaq con la clave AIBZ, asentada en Finlandia y Noruega: hidroelectricidad por debajo de seis centavos el kilovatio hora, suelos con permisos y agua. CoinDesk narró la ampliación de suelo del grupo para alimentar sus infraestructuras. Transparencia obligada: esta entrevista se produjo con el apoyo de Bitzero, y el relato de la empresa procede de una sola fuente —conviene leerlo con cautela.
El filtro que separa a los ganadores
Para el pequeño inversor, O'Leary propone un filtro sencillo: ¿está garantizada la conexión a la red, llegarán los equipos a tiempo, están asegurados la refrigeración y el agua, dio su visto bueno el municipio? Prefiere el bando de picos y palas a las apuestas en programas de inteligencia artificial —imagen que MarketWatch también emplea para describir las apuestas en herramientas frente a aplicaciones. La pregunta útil no es qué acción comprar, sino qué infraestructura pasará la criba.
A largo plazo domina el optimismo: beneficios récord, ganancias de productividad del 10 % al 20 % gracias a las herramientas de inteligencia artificial, y las once ramas de actividad adoptándolas. Las empresas no siempre desarrollan estos sistemas, los usan —y ese uso alimenta los flujos de caja. La ola, a su juicio, seguirá y seguirá.
Su método combina sociedades cotizadas, líquidas, con proyectos privados, sin liquidez, más una diversificación geográfica que hace de cortafuegos. Cada cual gradúa su exposición según su tolerancia al riesgo, sin concentrar sus fondos en una sola apuesta. Este contenido no constituye asesoramiento de inversión; antes de decidir, consulte a un especialista.
Momentos clave
Comentario de la IA
"Valoro esta entrevista porque O'Leary habla como constructor, con cifras de obra en lugar de eslóganes. Aclaro con transparencia que la conversación se produjo con el apoyo de Bitzero, compañía de la que es accionista: su relato conviene leerlo con la cautela necesaria."
Evaluación de la IA
Lo original de la charla está en las cifras: al ligar la oleada de ventas con los cuellos de la red, O'Leary convierte el miedo del momento en una guía para leer las infraestructuras.
El reparo apunta al triple de demanda, lanzado sin fuente comprobable; si el crecimiento afloja o los inquilinos renegocian, los terrenos más caros sufrirán primero.
En la práctica, el ahorrador vigila tres señales antes de comprometerse: contrato de energía firmado, permiso encarrilado en dieciocho meses y turbinas con fecha de entrega, como muestran los datos recogidos por CNN y DataCenterDynamics.
La preferencia por sociedades cotizadas líquidas frente a proyectos privados sin liquidez ofrece una salida si la volatilidad continúa.
Esto no constituye asesoramiento de inversión; las infraestructuras digitales entrañan riesgos de pérdida y conviene consultar a un especialista independiente antes de decidir.
Este contenido es solo informativo y no constituye asesoramiento de inversión; consulta a un profesional autorizado antes de tomar decisiones de inversión.
Fuentes
6 enlaces; ninguna otra noticia publicada los cita. Stories sharing a link do not confirm each other; a source's origin is not inferred from how often it is cited.
kevin o'leary · centros de datos · inteligencia artificial · red eléctrica · bolsa · bitzero · energía hidroeléctrica