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Tesla y SpaceX: la fusión del siglo entre rumores, IA y Pentágono

Herbert y Larry Goldberg analizan el rumor de una fusión entre Tesla y SpaceX, entre las previsiones de ARK Invest, el rompecabezas chino y el salto bursátil de SpaceX. La conversación conecta la operación con los ingresos de IA del grupo, el voto automático de los minoritarios y el nuevo papel de Musk junto al Pentágono.

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Herbert recibe a Larry Goldberg para desentrañar uno de los seriales más candentes de la bolsa estadounidense: un posible acercamiento entre Tesla y SpaceX . Entre pronósticos de analistas, desmentidos de Elon Musk y cifras vertiginosas tras la salida a bolsa, ambos intentan separar la señal del ruido. Su método es sencillo: partir de hechos verificables, poner números a cada escenario y juzgar si la operación crea valor para los accionistas de ambos lados.

La apuesta de ARK Invest por un anuncio inminente

Todo parte de un episodio del pódcast Brainstorm de ARK Invest, donde el equipo de Cathie Wood, con el futurista Brett Winton y el director de análisis Nick Grous, ve probable un anuncio de combinación antes de fin de año, aunque el cierre llevaría mucho más tiempo. Winton minimiza el obstáculo chino y lo describe como una complicación menor, pese a que el trabajo de SpaceX para la seguridad nacional estadounidense encaja mal con una fábrica gigante en Shanghái. Musk respondió en X elogiando a China y negando cualquier plan de separación, reiterando el desmentido tajante que ya había dirigido en julio a la prensa estadounidense.

Los periodistas de Reuters recuerdan, sin embargo, que el expediente chino dista de ser anecdótico: la planta de Shanghái ensambla más de la mitad de los vehículos Tesla entregados en el mundo y funciona como plataforma de exportación hacia Europa y Asia. Los expertos citados barajan varias fórmulas, como una escisión, una licencia de tecnología a un tercero o una venta directa, pero cada vía plantea interrogantes formidables sobre la propiedad intelectual y el visto bueno de las autoridades de Pekín. Para una compañía como SpaceX, cuyos contratos públicos estadounidenses exigen garantías estrictas de seguridad, esa imbricación industrial complica notablemente cualquier esquema de acercamiento.

Wedbush, en voz de Dan Ives, cifra por su parte la probabilidad de una operación en un 80 o 90 por ciento antes de principios de 2027, lo que alimenta la especulación pese a los desmentidos reiterados. Goldberg invita a leer estos pronósticos con distancia: predecir un anuncio no equivale a demostrar que exista un precio justo para ambos grupos de accionistas. Mientras el perímetro chino siga difuso, toda valoración relativa seguirá siendo frágil, y el mercado parece estar pagando la esperanza antes que las sinergias.

SpaceX en bolsa: del cohete a la máquina de cómputo

La salida a bolsa del 12 de junio cambió las reglas al darle a SpaceX una moneda de adquisición: 135 dólares por acción, unos 1,78 billones de valoración, y 192,50 dólares ya en la segunda sesión, con un valor de empresa por encima de los 2,5 billones. Los analistas de PitchBook recuerdan, eso sí, que el capital flotante reducido , en torno al 4,2 por ciento, amplifica cada movimiento y anticipa una volatilidad digna de Tesla con esteroides, con vaivenes del 20 al 30 por ciento al ritmo de cada hito. A ello se suma una fecha temida: el desbloqueo de unos 6.400 millones de acciones en manos de Musk hacia junio de 2027, que pesará sobre el equilibrio entre oferta y demanda.

Lo más llamativo de las cifras reveladas es el giro del modelo de negocio: los acuerdos de capacidad de cómputo firmados con Anthropic y Google rondarían los 26.000 millones de dólares anualizados, lo que convierte la infraestructura de inteligencia artificial en la primera fuente de ingresos del grupo. PitchBook valora el núcleo histórico, lanzamientos y conectividad Starlink, que supuso el 61 por ciento de los ingresos de 2025 con un margen del 63 por ciento, en cerca de 1,5 billones; el resto sería una prima de IA de alrededor de 1 billón. Esa prima no es ficticia ni está consolidada: descansa en contratos rescindibles con noventa días de preaviso y en la apuesta de que la actual escasez de potencia de cálculo perdurará.

Musk asume sin matices ese giro: en una reunión interna recogida por Motley Fool afirma que la IA aportará la mayoría de los ingresos ya en septiembre, y el 99 por ciento en cuatro o cinco años. La compra de xAI aportó la plataforma X, el asistente Grok, centros de datos y un proyecto de megafábrica de chips, mientras el segundo trimestre mostró 7.800 millones de ingresos, con 4.300 de Starlink y 2.600 de IA. Solo los alquileres de potencia con Anthropic y Alphabet sumarían 2.150 millones al mes, con una meta de 2 gigavatios de capacidad a fin de año y casi 10 gigavatios a finales de 2027. Ante un mercado total estimado en 28,5 billones, con 26,5 de IA, la ambición está declarada.

El Pentágono llama a Musk: proyecto Meridian

Otra pieza del rompecabezas, contada por TechCrunch: el secretario de Defensa Pete Hegseth encargó a Musk, al fundador de Anduril Palmer Luckey y al exdirigente político Newt Gingrich la codirección del proyecto Meridian , un estudio sobre los campos de batalla del futuro. El equipo, bajo la autoridad del director de tecnología del ministerio Emil Michael, dispondría de ciento veinte días para proponer soluciones concretas con las que desarrollar, probar y desplegar las tecnologías disruptivas que sostengan la superioridad estadounidense. La creación paralela de un mando de guerra autónoma, para acelerar drones y sistemas no tripulados, muestra que el ejercicio va mucho más allá de un informe de expertos.

Para Musk, el nombramiento supone un regreso oficial a la órbita de la Administración tras su salida del departamento de eficiencia gubernamental el año pasado, en un contexto de almuerzos repetidos con líderes del sector de la IA. SpaceX ya lanza satélites para el Estado estadounidense y opera una red orbital al servicio de misiones de defensa, mientras Anduril suministra misiles de largo alcance, aviones de combate semiautónomos y equipos terrestres. Ambos encarnan así la alianza entre industria espacial, IA y defensa, lo que hace aún más apremiante la cuestión de una separación estanca entre activos estadounidenses sensibles y actividades en China.

El voto minoritario y el precio del acuerdo

El visto bueno de la SEC al programa de voto automático de los accionistas individuales, relatado por Electrek, podría pesar mucho a la hora de decidir: tras meses de consultas, Tesla obtuvo una carta de no intervención fechada el 29 de septiembre para su sistema de instrucciones permanentes. En la práctica, el inversor inscrito ve sus votos emitidos de oficio en el sentido recomendado por el consejo, desde la presentación del documento de solicitud, con la posibilidad de cambiar de opinión en cualquier momento. El precedente de ExxonMobil, que ya declaraba más de cien mil inscritos, y el apoyo expreso del consejero delegado de Robinhood anticipan una adopción rápida, en pleno debate sobre la remuneración histórica prometida a Musk.

Queda la cuestión del precio, diseccionada por FinanceFeeds con una precisión formidable: a los cierres del 18 de septiembre, SpaceX pesaría unos 2,01 billones frente a 1,44 de Tesla, de modo que haría falta una prima del 39 por ciento para que los accionistas de Tesla poseyeran la mitad del conjunto. Y ese mismo nivel del 39 por ciento coincide casi exactamente con el umbral de los 2 billones que activa el primer tramo de la remuneración gigantesca concedida a Musk en 2025, medida solo por capitalización ante un cambio de control. El precedente de SolarCity, validado en los tribunales gracias a una prima ínfima del 3,4 por ciento y a un proceso considerado justo, muestra hasta qué punto el caso actual corre en sentido contrario, con un directivo dueño del 46 por ciento del comprador y de menos del 20 por ciento de la objetivo.

Goldberg subraya aquí el conflicto de interés clásico de las operaciones entre partes vinculadas: cada punto de prima transfiere valor desde los tenedores de SpaceX, incluido el propio Musk con el 82,4 por ciento de los derechos de voto, hacia los de Tesla, al tiempo que puede desbloquear sus propios títulos de desempeño. El consejo de Tesla deberá por tanto acreditar un proceso impecable y un precio justo, bajo la mirada de unos tribunales que dedicaron siete años a SolarCity. Las cuotas de los mercados de predicción, que aún daban una probabilidad modesta a un acuerdo formal a corto plazo, reflejan ese escepticismo sano: apostar por el evento no es probar su equidad.

Al final, la conversación dibuja un triángulo imposible de cerrar deprisa: una lógica industrial seductora entre cohetes, coches, satélites y centros de datos, una restricción geopolítica enorme en torno a Shanghái y una aritmética bursátil que convierte cada decimal en un asunto de gobierno corporativo. Los interlocutores recuerdan que SpaceX suele cumplir lo prometido, pero casi nunca sus calendarios, con solo un 17 por ciento de compromisos entregados a tiempo y un retraso medio de más de dos años. En ese contexto, la paciencia se vuelve estrategia: esperar a que la capacidad de IA se materialice, a que el flotante se ensanche y a que el marco jurídico del voto se clarifique antes de sellar un enlace de 3,5 billones.

Visualization: nodesdaily AI

Momentos clave

  1. ARK anuncia una fusión antes de diciembre
  2. Musk niega cualquier separación china
  3. Shanghái, más de la mitad de las entregas
  4. La IA se vuelve el primer ingreso de SpaceX
  5. El Pentágono encarga Meridian a Musk
  6. La SEC valida el voto automático

Comentario de la IA

"Más allá del culebrón bursátil, el diálogo aclara qué vale realmente SpaceX: una empresa de cohetes convertida en máquina de cómputo. La mirada de Goldberg, prudente con los calendarios pero atenta a los márgenes, le da al conjunto una solidez poco común."

Evaluación de la IA

La tesis de un anuncio antes de fin de año se apoya más en la dinámica de los relatos que en actos verificables: Musk niega cualquier debate sobre una separación china y ningún documento oficial describe un perímetro de operación. ARK y Wedbush describen una convergencia industrial real, pero confundir la lógica estratégica con la probabilidad jurídica de un acuerdo firmado expone al inversor a pagar la esperanza a precio de oro. Un mercado que ya descuenta un billón de prima de IA no suele perdonar los retrasos de calendario.

El giro hacia la IA dota a SpaceX de márgenes y crecimiento propios del sector tecnológico, con contratos anualizados considerables y metas de gigavatios impresionantes. Pero esos ingresos por alquiler son rescindibles con poco preaviso y dependen de una escasez de cómputo que podría disiparse, mientras el expediente chino concentra un riesgo regulatorio que ni abogados ni banqueros pueden borrar de un plumazo. La prima actual paga, pues, una ejecución perfecta en tres frentes a la vez: industrial, comercial y geopolítico.

Por último, el dispositivo de voto automático y los umbrales de remuneración ligados a la capitalización desplazan el debate del terreno industrial al del gobierno corporativo: cuando el precio justo coincide con el detonante del bonus del directivo, la desconfianza de los minoritarios es legítima. El caso SolarCity demostró que solo un procedimiento intachable protege de forma duradera este tipo de acercamientos entre partes vinculadas. A la espera de perímetros cuantificados y un calendario creíble, la prudencia de Goldberg parece la postura más racional: creer en la trayectoria y dudar de los plazos.

Fuentes

9 enlaces; 1 de ellos también citados por 2 otras noticias. Stories sharing a link do not confirm each other; a source's origin is not inferred from how often it is cited.

tesla · spacex · fusión · ark invest · inteligencia artificial · shanghái

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